Pocillo de mi abuela materna
Ella y mi abuelo, recorrieron todos los estados de México, se mudaron 31 veces de casa, ambos nacieron en un pequeño pueblo llamado Escuinapa en Sinaloa, su última mudanza fue en la ciudad de Guadalajara, viví con ellos en varias ocasiones, pero sobre todo siendo niño, mi abuela me crió y cuidó. El pocillo era el que utilizaba todas las tardes para calentar su café. Cuando decidió comprar uno nuevo, le dije que si me lo regalaba. Desde entonces lo llevo conmigo a todos los sitios que me he mudado. Desde hace 18 años que vivo en Galicia, y ese pocillo sigue conmigo.
Yo no soy católico, pero siempre hice cosas de católico para complacer a mis abuelas, mi abuela materna era muy devota de san Judas, así que cuando era un adolescente y me mudé lejos de ella, a otra ciudad de México, me compré esa figurilla para recordarla. Lleva conmigo más de 30 años, y aún le enciendo velas y recuerdo con cariño a mi abuela.
Siendo niño, mi tía, la hija pequeña de mi abuela y que era como mi hermana mayor, me llevaba con frecuencia al cine, un día vimos la película del «Último mohicano» y me dejó tan impresionado esa historia, que convertí a mi playmobil en Nathaniel, el hijo blanco adoptivo de Chingachgook el último mohicano, jugué años y años con esa figura a historias de indios que se defendían de los colonizadores ingleses y franceses, ahora, después de casi cuarenta años, tiene un pie roto, apenas se sostiene y los pegotes que le puse, acumulan polvo. Siempre lo llevo allá donde vivo y coloco en un lugar especial.
(01) Pocillo de mi abuela materna: (03) Figura de san Judas Tadeo (05) Playmobil tuneado