La de mi abuela es una historia heroica, como la de tantos migrantes que se lanzan a la aventura. Había vivido tanto y con tanta gente diferente que la hizo una persona muy transigente, muy generosa. No sé quién dijo en algún momento que la patria de las personas es la infancia feliz. Seguía amando su tierra como a nada, pero tenía el corazón dividido. Y cuando murió, nos dijo: “Subid al puerto de Pajares. Una parte de mis cenizas irá a Asturias y otra parte vendrá para Castilla”.