El camino de nuestro padres, pero en diferido
Yo no he migrado. Sí lo hicieron mi madre, mi padre, mi abuela y gran parte de mi familia. Nací en España y aquí están mis vivencias, pero sigo sintiéndome profundamente conectada a mis raíces. Sé que cuando viaje por primera vez a la tierra de mi familia emergerán la nostalgia, la propia y la heredada.

Descubrí todo lo que me estaba perdiendo

Estás creando una nueva versión de ti en otro país

Repudias ese lado tuyo porque tú quieres encajar con el resto

Esta es la historia de mis objetos

Fueron mis padres los que migraron
Mbote!–Hola.
Mbote na yo!–Hola a ti. (cuando saludas a una sola persona)
Mbote na bino!–Hola a vosotros/ustedes. (cuando saludas a más de una persona)
Ozali malamu?–¿Estás bien?
Nazali malamu–Estoy bien.
Sango nini?–¿Qué hay de nuevo? / ¿Qué novedades hay?
Sango te–Nada nuevo.
Sango malamu–Todo va bien. / Buenas noticias.
Nayo?–¿Y tú?
Boni yo?–¿Cómo estás?

Mi historia empieza dos generaciones atrás
Creo que muchas hijas de personas migrantes vivimos, en diferido, el camino que hicieron nuestros padres. Para mí ha sido anhelar un territorio que apenas conozco, el cariño de mi abuela, a la que vi muy pocas veces, y una familia que está al otro lado del océano. Ese es, en parte, el resultado de la migración y también mi propia historia.