Bilbao inaugura el recorrido de Museo Migrante Migrante

16. 06. 2026

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Durante una semana de mayo, un contenedor instalado junto al Itsasmuseum de Bilbao se convirtió en un espacio para compartir historias.

No era una exposición. No era un museo al uso. No había vitrinas, ni obras colgadas en las paredes, ni un recorrido marcado para los visitantes.

Lo que había era una invitación.

Una invitación a detenerse y recordar.

A contar una historia migratoria propia o heredada. A abrir una caja guardada durante años. A rescatar una fotografía familiar. A sacar de un cajón un objeto que ha acompañado un viaje, una despedida o una llegada.

Así comenzó la primera parada del contenedor de Museo Migrante Migrante.

Ubicado junto al Itsasmuseum, en un lugar profundamente conectado con la historia de los movimientos humanos que han atravesado Bilbao, el contenedor acogió durante varios días a personas de edades, orígenes y trayectorias muy diversas. Algunas llegaron con historias que cruzaban océanos y continentes. Otras hablaban de desplazamientos mucho más cercanos: del caserío a la ciudad, entre comunidades autónomas, entre barrios o entre generaciones.

Historias distintas que, al escucharlas juntas, revelaban algo en común: migrar forma parte de la experiencia humana.

Las razones también eran múltiples. El amor. El trabajo. Los estudios. La necesidad. La búsqueda de oportunidades. La curiosidad. La supervivencia. Ninguna historia era igual a otra y, al mismo tiempo, todas hablaban de personas que en algún momento emprendieron un movimiento que transformó sus vidas y las de quienes vinieron después.

Cada participante compartió un relato, fue retratado por la artista Angélica Dass y presentó uno o varios objetos vinculados a esa historia. Algunos eran fotografías familiares. Otros, documentos, cartas, prendas de ropa, herramientas de trabajo, recuerdos de infancia o pequeños objetos cotidianos que habían adquirido un significado especial con el paso del tiempo.

En Museo Migrante Migrante los objetos se entienden como puertas de entrada a las memorias que las personas deciden compartir. Ayudan a recordar detalles, a reconstruir recorridos y a conectar experiencias individuales con procesos migratorios más amplios.

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Durante esos días, el contenedor se llenó de conversaciones. Personas que nunca se habían planteado que su historia familiar también era una historia migratoria descubrieron que detrás de sus propias vidas existían generaciones enteras marcadas por desplazamientos, cambios de territorio y procesos de adaptación.

Pero el proyecto no se dirigió únicamente a quienes participaron en las sesiones de retrato. A lo largo de la semana, numerosos grupos escolares visitaron el espacio y formaron parte de las actividades educativas impulsadas por Museo Migrante Migrante.

Niños, niñas y jóvenes comenzaron a preguntarse de dónde vienen sus familias, quién migró antes que ellos y qué historias se esconden detrás de los lugares que hoy llaman hogar. Muchos compartieron relatos relacionados con sus padres, madres, abuelos o bisabuelos, incorporando nuevas miradas a una conversación que atraviesa generaciones.

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Porque Museo Migrante Migrante entiende la memoria migratoria como un patrimonio común. Una herramienta para comprender quiénes somos, cómo se construyen nuestras comunidades y de qué manera los movimientos humanos han configurado los territorios que habitamos.

Todo lo recogido durante esta primera parada, los retratos, los relatos y las imágenes de los objetos, pasa a formar parte del archivo vivo de Museo Migrante Migrante. Un archivo en permanente construcción que crece con cada ciudad, incorporando nuevas voces y nuevas formas de entender la migración.

Bilbao ha sido el punto de partida.

La primera ciudad en abrir este proceso colectivo de escucha y construcción de memoria.

A partir de septiembre, el contenedor continuará su recorrido por otros territorios de España para seguir recogiendo historias y ampliando este archivo vivo que entiende la migración no como una excepción, sino como una experiencia compartida que conecta generaciones, lugares y comunidades.

Porque todas las personas tienen una historia que contar.

Y todas las historias migratorias merecen un lugar donde ser escuchadas.